AMLO bueno versus AMLO malo

Publicado en La Razón.- Llegó el descanso (es un decir), del medio tiempo en las campañas a la Presidencia, gran simulación tolerada por tirios y troyanos, ya que ninguno de los tres candidatos, por partidos y alianzas, contendió contra nadie. Los tres, complacientemente, se hicieron como el tío Lolo, aquél que se hizo tonto solo.

AMLO cierra mal, pero por delante en todas las encuestas. López Obrador el bueno casi logró mantener a raya, durante este primer periodo, a su némesis, López Obrador el malo, ése que es beligerante, intolerante y soberbio. Casi.

AMLO el bueno nos mostró al político relajado, uno de instinto fino, reposado, capaz de transformar acusaciones serias en asuntos triviales, destilados, con sentido del humor para escapar de las densidades globales, de los perversos cibernautas moscovitas o de las filiaciones bolivarianas no requeridas. Queda el líder incluyente que entendió que para restar, primero ha de sumar. Bien.

De AMLO el malo sobresale su tenacidad, por poco y se queda sin aparecer en el primer tiempo electoral, pero finalmente se coló para calentar el cierre de esta primera etapa.
Llegó el puntero que olvida que de diferencias aún mayores a la que ahora goza han sucumbido Francisco Labastida, en el 2000, él mismo, en 2006, y Peña Nieto, que a estas alturas hace un sexenio lo aventajaba por 20 puntos y al final le ganó por seis.

Del líder puro y casto que lapidaba a quienes permitían que su pierna fuese tocada por sátrapas, avala ahora candidaturas morenas como la del impresentable Víctor Hugo Romo para alcalde en la Miguel Hidalgo o la postulación vergonzante de Fausto Vallejo en Morelia ocultando detrás de PES y PT, sus rémoras, el membrete de Morena; y qué tal la incorporación del yerno de Elba Esther Gordillo, Fernando González y el nieto consentido de la maestra, René Fujiwara, como redes de enlace del lopezobradorismo al mismo tiempo que convoca a sus amigos de la CNTE para encabezar la contrarreforma educativa; o qué decir del ídolo futbolero Cuauhtémoc Blanco calificado por López Obrador como la mejor opción para gobernar Morelos. Después de eso, si doña Carmen Salinas va al Senado, chi-chin quien de Morena respingue.

Injusto sería dejar fuera de este balance al esposo de Irma Sandoval, futura secretaria de Economía (si gana), el académico y activista John Ackerman, quien estimuló el debate democrático con un memorable “si no gana AMLO, habrá chingadazos”.

O el prometido desplome del nuevo aeropuerto mexicano, que con dos terminales distantes y parchadas queda listo; a pagar indemnizaciones a quienes apostaron e invierten en el megaproyecto y santo remedio. Por cierto, hay que estar atentos a la ruta financiera que haga bursátil la obra para blindarla en caso de que ya sabe quién haga quién sabe qué cosa.

Insoslayable por igual, el retorno al discurso de la prensa especializada, la “fifí”, la mala, la de los conservadores embozados de liberales bajo el pueril argumento de su legítimo derecho a responder a la crítica (faltaba más), pero sin escucharla.
Ya encarrerado, AMLO el malo le pidió al general secretario de la Defensa Nacional que deje de hacer política, haga el favor, y al jefe de éste, el comandante supremo de las Fuerzas Armadas, le llamó “huachicolero mayor”; AMLO el malo is back. A ver cuál de los dos regresa para la parte complementaria, si ya saben quién, o el otro, ya saben cuál.

Meade apenas comienza. Eso dice Vanessa Rubio, flamante coordinadora de la oficina del candidato tricolor (una suerte de la nueva Videgaray), al comentar la encuesta en Facebook de México Elige para SDP Noticias, que ubicó al candidato no priista del PRI en segunda posición.

El ciudadano Meade se va a la pausa confiando en que las lesiones éticas al prestigio autopromocionado de Ricardo Anaya le lastren lo necesario para que se desfonde, que las pugnas al interior del Frente estallen y lo deje solo para capitalizar intereses y apoyos anti-AMLO. Al proyecto oficial le urge en los vestidores, realinear estrategia, mensaje y operación, la sola necesidad de ganar no basta.